Autores: Dr. Miguel Ángel Hernández Alvarado, C. María Fernanda Juárez Mendoza, C. Arturo Josué Meneses Báez, C. Belén Samai Moreno Brambila
Sección: Reflexión y visiones
Resumen:
Desde una perspectiva ética y profesional, la juventud puede entenderse como un proceso de construcción. Cada joven atraviesa transformaciones en los ámbitos biológico, social, cognitivo y psicológico; por ello, durante esta etapa surgen diversas problemáticas que requieren orientación o intervención específica en la que se contemple al joven con sensibilidad, empatía y respeto, reconociéndolo en su proceso formativo.
El presente artículo busca mostrar las percepciones que algunos jóvenes tienen sobre la escuela. Los datos que aquí se presentan fueron recuperados de una investigación realizada en la asignatura de Orientación Educativa, perteneciente a la licenciatura en Pedagogía de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, modalidad SUAyED.
Para dicho estudio se llevaron a cabo entrevistas a estudiantes de nivel medio superior con el propósito de conocer: ¿Qué piensan los jóvenes de la escuela? Se presentan los resultados de trece respuestas que permiten realizar un análisis cualitativo exploratorio sobre la percepción de los participantes. Se buscó interpretar la subjetividad y comprender las visiones que los jóvenes tienen respecto a la escuela y su experiencia en ella. Se considera que estos saberes constituyen una herramienta para desarrollar una Orientación Educativa que pueda nutrirse de los referentes presentes en las narrativas analizadas.
Palabras clave: Orientación Educativa, Adultocentrismo, Jóvenes, Escuela.
Keywords: School counseling, Adultcentrism, Youth, School.
Introducción
En ocasiones hemos conocido o escuchado a algún joven con problemas de actitud o comportamiento, con dificultades escolares o, incluso, retraído. Esto puede ocurrir tanto en el salón de clases, como en el patio de la escuela o en la vida cotidiana. ¿Cuántas veces hemos oído expresiones como: “no te entiendo”, “si sigues así nadie va a querer juntarse contigo”, “eres tan burro”, “tienes la cabeza en las nubes”, “eres todo un problema”? Estas expresiones son comunes, pero el verdadero conflicto no está en señalar las carencias del joven, sino en la falta de herramientas para apoyarlo y ayudarlo a superar dichas situaciones.
Esta situación representa un desafío para los especialistas en acompañamiento (profesores, pedagogos, psicólogos, gestores educativos), ya que puede derivar en consecuencias graves como el abandono escolar, dificultades en el desarrollo emocional y social, deserción académica y bajo rendimiento. Todas estas secuelas interpelan directamente a las comunidades educativas, los centros de formación y los actores encargados de formar; por ello resulta fundamental reflexionar: ¿cómo comprender la experiencia escolar de los jóvenes? Esto con el fin de mejorar las formas de acompañamiento desde la escuela.
Esta responsabilidad invita a reflexionar sobre la vivencia de los jóvenes en el espacio escolar. Acercarse a sus percepciones puede enriquecer la labor de acompañamiento desde ámbitos educativos como la Orientación Educativa, y comprenderla a partir de las propias experiencias juveniles. Por ello, se busca responder: ¿Qué opinan algunos jóvenes sobre la escuela?, y ¿de qué manera estas percepciones pueden fortalecer la orientación que reciben dentro de ella?
Escuela y Orientación Educativa
La Orientación Educativa (OE) se concibe como una actividad organizada y dirigida al logro de objetivos escolares específicos (Ruiz, 2010). Su propósito abarca tanto la prevención como el desarrollo del potencial del alumno. Considerando los diversos factores que conforman el sistema educativo, la OE busca responder a las expectativas que la sociedad define como adecuadas en materia educativa. Asimismo, se entiende como un proceso de aplicación de estrategias de acompañamiento en el ámbito escolar (Ruiz, 2010) dirigido a que el “orientado” alcance autonomía, realización académica y reconocimiento social. En otras palabras, se trata de un proceso de ayuda constante en aspectos educativos, con fines preventivos y de desarrollo escolar.
La OE no constituye una intervención esporádica, sino que representa un proceso de acompañamiento continuo (González, 2008) que puede extenderse a lo largo de toda la trayectoria escolar del “orientado”. Este acompañamiento se caracteriza por ser sistemático e intencional para que los estudiantes sean capaces de identificar y elegir entre las oportunidades que les ofrece su entorno. Igualmente, promueve la resolución de problemas y prepara para una intervención que incide en los propósitos educativos. Una crítica recurrente a este tipo de intervención señala que suele generarse desde la mirada adulta, respondiendo a expectativas sociales y a los intereses de las instituciones educativas y sus distintos enfoques.
El Adultocentrismo en la Orientación Educativa
“Se normaliza el pensar que un niño es inferior a un adulto,
Que un niño es un ser incompleto incapaz de pensar, sentir y tomar decisiones”
Yasmina Ruiz
El término adulto ha sido considerado una palabra con peso y autoridad dentro de la sociedad. Se asocia con cualidades como la madurez, la experiencia, el desarrollo personal y la capacidad de razonar y tomar decisiones ante diversas situaciones. El adulto ocupa un rango social superior, una posición privilegiada frente a la niñez, la adolescencia y la juventud (Rojas, 2018).
Esta concepción ha contribuido a la construcción de principios sociales sustentados en un enfoque adultocéntrico, el cual concentra el poder en los adultos y plantea que la adultez representa el destino final del desarrollo humano. Desde esta perspectiva, ser adulto se convierte en la meta que todo individuo debe alcanzar para obtener valor y reconocimiento social.
Esta relación desigual es injusta, y da paso a que existan relaciones de poder entre los diferentes grupos de edad que son asimétricas en favor de los adultos; es decir, que estos se ubican en una posición de superioridad. Los adultos gozan de privilegios por el solo hecho de ser adultos, porque la sociedad y su cultura así lo ha definido (Rojas, 2018). La asimetría se ha vuelto común, incluso se ha llegado a normalizar. Por lo tanto, los jóvenes suelen ser percibidos como inferiores a los adultos.
El adultocentrismo se manifiesta como un conjunto de mecanismos y prácticas que refuerzan la subordinación de las personas jóvenes, atribuyéndoles características que los definen como sujetos con carencias: de razón (déficit sustancial), de madurez (déficit cognitivo-evolutivo), y de responsabilidad o seriedad (déficit moral) (Vázquez, 2013). Esta relación desigual resulta injusta y da lugar, según Rojas (2018) a que:
Existan relaciones de poder entre los diferentes grupos de edad que son asimétricas en favor de los adultos, es decir, que estos se ubican en una posición de superioridad. Los adultos gozan de privilegios por el solo hecho de ser adultos, porque la sociedad y su cultura así lo ha definido (p.9).
Esta desigualdad se ha vuelto habitual al punto de ser normalizada, lo que provoca que los jóvenes sean percibidos como inferiores frente a los adultos.
Otra manifestación del adultocentrismo es la promoción del deseo de llegar a ser adulto durante las distintas etapas del desarrollo, como si ese fuera el objetivo último de crecer. Es común escuchar a niños decir que su sueño es “ser grande”; o sea, convertirse en adultos. De manera similar, los jóvenes a veces se muestran impacientes por alcanzar la adultez, asociándola con independencia, libertad y reconocimiento social. Se idealiza la adultez como una etapa en la que desaparecen las dudas, se tiene claridad sobre lo que se quiere y se alcanza la madurez. Sin embargo, los adultos continúan persiguiendo sueños y aspiraciones, enfrentan aprendizajes constantes y gestionan emociones, sentimientos y responsabilidades mientras siguen creciendo. En realidad, el crecimiento nunca se detiene. Por ello, concebir la adultez como sinónimo de completitud es una creencia errónea que cuestiona el valor absoluto que le otorga el adultocentrismo
Una posible causa de esta promoción del adultocentrismo radica en que son los adultos quienes definen y atribuyen características a las llamadas “etapas de la vida”. En este acto ejercen un poder cultural. Como señala Moreno, (2006) toda relación es una relación de poder: La posibilidad del lazo social está dada por el poder; es decir, por las relaciones de fuerza y la imposición de ‘unos’ sobre ‘otros’ […], donde la mayor fuerza ejercida está en cualquier uso de poder de violencia simbólica”. A través de este poder los adultos categorizan a las personas y establecen lo que se considera correcto.
Es necesario replantear la idea de superioridad como concepto adultocentrista de la adultez, ya que el adulto no es superior a otras etapas; es, más bien, un sujeto en proceso, en búsqueda de expresar su identidad, construir un hogar, encontrar un lugar propio, entre otros aspectos. El adulto sigue elaborándose.
Esta tendencia de sobrevaloración adultocéntrica también se refleja en las dinámicas escolares. Desde esta perspectiva, los estudiantes son vistos como sujetos incompletos, y rara vez se toma en cuenta su opinión en la toma de decisiones relacionadas con sus necesidades e intereses. Los jóvenes suelen ser invisibilizados en la escuela, a pesar de ser los principales destinatarios de la acción educativa, la razón de los proyectos pedagógicos. ¿Podrían los jóvenes expresar lo que piensan y necesitan de la escuela? ¡Sí!
Recopilación de datos
¿Qué piensan algunos jóvenes de la escuela?
Como se mencionó anteriormente, la Orientación Educativa (OE) representa un acompañamiento para los jóvenes en su proceso de transición hacia la vida adulta. En esta línea, Martínez-Clares y Martínez-Juárez (2011) señalan que:
La finalidad de la educación y la orientación son coincidentes; ambos procesos persiguen el desarrollo integral y personal del individuo a lo largo y ancho de la vida, se debe de tomar en cuenta, tanto la diversidad de interacciones sociales como el papel activo que los propios sujetos tienen en su proceso de construcción social y personal (p.254).
Los profesionales de la educación tienen la posibilidad de transformar la perspectiva adultocéntrica que suele permear la práctica de la OE. Esto implica trabajar y reflexionar para superar prácticas erróneas, desde lo individual hasta lo colectivo. En consecuencia, es necesario sumar esfuerzos para evitar intervenciones con una visión adultocentrista y abrir espacios donde los jóvenes puedan expresar sus ideas, inquietudes y demandas.
Esta apertura contribuye a construir un trabajo colaborativo entre orientadores y jóvenes, con una mirada integral que incluya a la institución, la familia, los pares y la comunidad. Se trata de establecer mecanismos de participación, colaboración y acompañamiento que impulsen el cambio y mejoren la calidad de vida y el desarrollo durante el proceso educativo.
Es importante recordar que la escuela no es únicamente un espacio de aprendizaje; también es un lugar de encuentro donde convergen distintos grupos, subculturas y generaciones. Es un entorno que permite la interacción entre pares con diversas visiones del mundo, códigos, intereses y expectativas. Como afirma Guerrero (2000):
Este espacio de vida juvenil adquiere distintas dimensiones, es un lugar de identificación y diferenciación en donde los jóvenes conforman sus propios grupos de referencia y, en alguna medida, sus identidades; de comunicación y diálogo en sus propios códigos y sobre sus preocupaciones más íntimas; es un ámbito de tratamiento de los problemas juveniles que adquiere una dimensión terapéutica y relajante frente a los conflictos que les agobian fuera; constituye también un espacio de solidaridad y apoyo frente a las exigencias académicas (p.28).
Para los jóvenes, la escuela es un espacio de crecimiento en la convivencia y en los modelajes de vida que ahí experimentan. Ellos, posiblemente, esperan que la escuela sea una experiencia y no solo un lugar.
Instrumento y procedimiento
Estas afirmaciones se ilustran a partir de una serie de hallazgos sobre lo que los jóvenes esperan de la escuela, obtenidos mediante una investigación de campo. Durante el semestre 2022-1, en la asignatura de Orientación Educativa de la licenciatura en Pedagogía de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, se llevó a cabo una investigación cualitativa basada en entrevistas a jóvenes. En el proceso de análisis se priorizó la percepción y la experiencia como elementos centrales de comprensión (Hernández, 2003).
Se entrevistó a trece jóvenes con un enfoque exploratorio. El grupo de la asignatura se organizó en equipos pequeños, y cada uno contactó a uno de los jóvenes que participaron en las entrevistas. Se solicitó la firma de dos cartas: una de consentimiento por parte de padres o tutores, dado que se trataba de una población menor de edad, y otra de autorización para el uso de los datos con fines académicos.
Los participantes fueron entrevistados de manera remota debido a las condiciones impuestas por la contingencia sanitaria, mediante sesiones realizadas vía Zoom. Una vez obtenidos los permisos se concretó cada una y se compartieron las ligas correspondientes. Los entrevistadores solicitaron autorización para grabar en video las entrevistas, y dichos archivos fueron utilizados posteriormente para la transcripción de las respuestas.
Se utilizó un guion de entrevista semiestructurada, elaborado por el grupo responsable del estudio, compuesto por un total de doce preguntas. Una de ellas fue: ¿Qué piensas de la escuela? Esta pregunta se retoma para el análisis que se presenta en el artículo. Los participantes compartieron sus impresiones y la relación que mantienen con su institución escolar.
Se consideró pertinente dirigir la investigación hacia estudiantes de nivel medio superior, ya que en esta etapa la OE es una estrategia escolar sistematizada y se toman decisiones de importancia sobre la escolaridad. Los participantes fueron estudiantes activos de este nivel educativo, inscritos en el ciclo escolar iniciado en agosto de 2021. La muestra del estudio presentó una media de edad de 15 años.
Análisis de resultados
De las respuestas obtenidas emergió una diversidad de aportaciones en torno a lo que los jóvenes experimentan y piensan sobre la escuela. Se seleccionaron las siguientes categorías por su nivel de representatividad dentro de los discursos de los entrevistados (Alvarez-Gayou, 2003), así como por la connotación que alcanzaron en el conjunto de la muestra, identificándose como las categorías de mayor relevancia, y son:
La escuela como espacio-experiencia de encuentro con los demás. Dentro de las respuestas de los jóvenes se recuperan las frases: “Me gusta porque ahí veo a mis compañeros”, “podemos estar con nuestros amigos”, “Me gusta la convivencia con los compañeros, aprender cosas nuevas”, “me gusta que estemos los cinco juntos” y “el poder salir, convivir, sentarme junto a mis compañeros”. Estas ideas permiten reconocer que para los jóvenes de nivel medio superior la carga de mayor valor en torno a la escuela es la convivencia con sus pares. Incluso reportan que durante la contingencia lo que más extrañaron fue el aspecto relacional: “El poder convivir, espero que pronto sea presencial”, “El poder salir, convivir, sentarme junto a mis compañeros”, “lo que extrañaba es a mis compañeros”. Puede inferirse el valor que se da en la escuela a la socialización e interacción y cómo a partir ellos la escuela cobra relevancia.
La escuela como lugar de resistencia. Entre los respondientes algunos dijeron: “me choca solo tener que estar ahí todo ese tiempo”, “Me estresa estar seis horas en el mismo lugar”. Puede inferirse que una representación que reportan los participantes sobre la escuela es la de tener que “soportarla” o cargar con ella. Esta idea de verse obligados a soportar se dirige hacia ciertas figuras de autoridad, profesores (“los maestros que no saben explicar y que son corruptos”, “hay materias dónde ni te revisan la tarea”), las actividades (“me estresa la tarea”) y hacia algunos compañeros (”hay otros adolescentes que son los principales distractores”).
La escuela como espacio exclusivamente adultocentrista. El espacio escolar como un sitio donde la mirada adulta hacia los jóvenes es descalificante, por ejemplo: Los adultos “se quedan cómo si estuvieran en su época y no se han dado cuenta de que las cosas ya no son así”, “no nos toman en cuenta, nos ven menos”. Una percepción del adultocentrismo por parte de los jóvenes se descubre cuando reportan que los adultos los ven “ingenuos e inmaduros”. Los jóvenes experimentan tensión entre lo que se piensa de ellos y lo que se les pide ser, y que en pocas ocasiones hay algún tipo de reconocimiento por lo que son.
La escuela como institución de actos pedagógicos. En afirmaciones del tipo: “Es el lugar dónde vamos a aprender”, “cuando algún maestro me explica bien un tema” se puede inferir la representación que tienen los jóvenes de la escuela como un sitio específico en el que se lleva a cabo la práctica educativa. Quienes participaron reportan que en la escuela encuentran maestros que poseen conocimientos, por ejemplo: “Donde los maestros que saben nos van a enseñar”, y que es un lugar en el que ellos van para “aprender”. El aprendizaje se percibe como el motivo de ir a escuela, aunque la experiencia va más allá de lo meramente escolar.
Para algunos entrevistados, la escuela representa un espacio aburrido, cargado de reglas y restricciones que les impiden desenvolverse como desearían; sin embargo, para otros resulta ser un entorno positivo, ya que allí aprenden y establecen vínculos con otros jóvenes. Dentro de esta diversidad de percepciones y opiniones, los entrevistados coinciden en que la escuela es un lugar donde pueden relacionarse e interactuar, lo cual consideran fundamental. Incluso hay quienes señalan que llega a ser su único espacio seguro. Se considera que, para los entrevistados, la escuela trasciende el ámbito físico y engloba muchas de las experiencias vividas durante el periodo en que se cursa el nivel escolar.
A partir de las voces de los participantes se reconoce que la escuela adquiere sentido como espacio de encuentro con los otros. Las expresiones que valoran la convivencia, compartir con los compañeros y estar juntos permiten visibilizar que la dimensión relacional es central en la experiencia escolar.
En este sentido, los demás actores escolares pueden generar estrategias, desde la OE, que fortalezcan los vínculos entre pares y el trabajo colaborativo, incorporando la percepción de la escuela, como una experiencia que va más allá de ser un lugar exclusivamente de transmisión de saberes, y que se elabora como un entorno que posibilita la socialización, elemento identificado como fundamental.
Por otro lado, las representaciones que colocan a la escuela como un lugar de resistencia evidencian tensiones que atraviesan la experiencia estudiantil. El malestar frente a diversas situaciones como la permanencia prolongada, la carga de tareas, la relación con ciertos docentes y la convivencia con compañeros que distraen, revelan zonas de conflicto que requieren atención.
Docentes, autoridades escolares y responsables de la OE pueden revisar las prácticas escolares que generan desgaste. Reconocer estas resistencias no como rechazo, sino como áreas de oportunidad, permite pensar en una escuela más abierta a la transformación desde las propias voces juveniles.
Por último, la percepción de la escuela como espacio adultocentrista y como institución de actos pedagógicos plantea un doble desafío. Por un lado, los jóvenes reportan sentirse descalificados por miradas adultas que no reconocen sus contextos ni sus formas de ser; por otro, identifican el aprendizaje como el motivo principal de asistir a la escuela. Estas tensiones invitan a los tomadores de decisiones y formadores a revisar sus prácticas. La escuela puede pensarse como un espacio donde enseñar y aprender se entrelazan con el reconocimiento, la escucha y la participación genuina de quienes la habitan.
Discusión
Orientación Educativa basada en las necesidades de los estudiantes
La Orientación Educativa (OE) tiene como propósito acompañar a las personas en su trayectoria escolar, con una presencia especialmente significativa durante la juventud (González, 2008). En esta etapa se experimentan cambios que marcan profundamente las historias individuales. Para que dicho acompañamiento sea positivo se sugiere —a partir de la investigación descrita— que se fundamente en las necesidades de los estudiantes y se construya desde su propia perspectiva, evitando limitarse a una visión adultocentrista. Para ello es indispensable conocer primero cuáles son esas percepciones y necesidades.
La mayoría de los jóvenes considera que no tiene voz ni voto (Espinosa, 2004), ya que transitan por una etapa en la que son demasiado grandes para ser considerados niños, pero aún pequeños para ser tratados como adultos, lo que genera una profunda confusión. En ciertos aspectos no se les permite decidir, mientras que en otros se les exige responsabilidad total.
A partir de las entrevistas realizadas puede afirmarse que una de las principales necesidades de los jóvenes es sentirse comprendidos, valorados y tomados en cuenta. Estas solicitudes resultan interesantes considerando las prácticas que ya se ejecutan sobre acompañamiento y OE, pues permiten ver que aún hay acciones pendientes y otras muy bien logradas.
Contar con esa seguridad representa un terreno firme en medio de una experiencia vital incierta, pues muchas veces no logran identificar con claridad los cambios que están ocurriendo en ellos. Mientras crecen, se enfrentan a un mundo nuevo, y en algunas ocasiones deben hacerlo en soledad. Por ello necesitan ser escuchados sin ser juzgados. Cuando enfrentan dudas, problemas o simplemente desean conversar, es fundamental que puedan acercarse a algún adulto. Sin embargo, en la mayoría de los casos, lo único que reciben son regaños o rechazo. Ante esta falta de apertura, los jóvenes dejan de confiar y buscan respuestas por otros medios —amigos, redes sociales, internet—, aunque la información que encuentran no siempre es adecuada o correcta.
Algunos jóvenes argumentan que la información que reciben es insuficiente, básica y escasa, y que hay temas de los cuales no se habla. Como consecuencia, los jóvenes se ven comprometidos en circunstancias complicadas en las cuales suele abandonárseles al responsabilizarlos, sobre todo en la escuela.
Se considera que es necesario implementar espacios en los cuales las voces de los jóvenes sean reconocidas y escuchadas, para reconocer lo que piensan y necesitan, y aunque ya existen ejercicios de expresión y escucha es relevante que la información se convierta en intervenciones concretas y repositorios para la transformación educativa. Desde ellos se debe procurar atender su derecho a una educación de calidad que atienda sus demandas de crecimiento y reconocer que la OE tiene en estas mismas voces de las y los jóvenes insumos para establecer de sus estrategias y líneas de intervención. Los estudiantes del nivel medio superior necesitan profesionales de la OE que, desde una intervención escolar basada en sus necesidades, los acompañen en su experiencia de crecer.
Conclusiones
La Orientación Educativa es un proceso de acompañamiento en el que el orientador puede apoyar al joven en la adquisición de conocimientos y competencias personales relacionadas con la convivencia, el trabajo en equipo, el respeto, la tolerancia, la resolución de problemas, el autoconocimiento, la motivación, la autoestima, entre otros aspectos. Todo ello debe realizarse desde una mirada empática y respetuosa.
Sin embargo, en algunas de sus intervenciones, la OE adopta una perspectiva adultocéntrica. Esta visión establece la adultez como meta del desarrollo, invisibilizando las características y necesidades propias de los jóvenes, así como sus pensamientos y expectativas frente a las instituciones sociales, incluida la escuela.
A partir de las entrevistas presentadas y analizadas se identificó que, para los jóvenes, la escuela representa una experiencia-espacio de encuentro con los demás, un lugar que “debe soportarse” frente al adultocentrismo, y una institución vinculada a la acción pedagógica.
Lo primero que evocan al escuchar la palabra “escuela” son elementos como materiales de trabajo, amistades, compañeros y momentos de convivencia. Manifiestan su desagrado ante el autoritarismo y la imposición de tareas, y expresan que, durante el periodo de contingencia, han echado de menos asistir a la escuela, principalmente por la falta de interacción social.
Si se retoman estas ideas para el acompañamiento que se brinda desde la OE, se puede fortalecer la intervención mediante la elaboración de estrategias más centradas en los jóvenes, en sus códigos y literacidades (símbolos, tendencias, necesidades y demandas), adoptando una postura menos adultocéntrica y con mayor percepción de cercanía. Esta propuesta tendría un poder significante para los jóvenes, ya que reduciría la sensación de imposición o direccionamiento, favoreciendo en cambio el empoderamiento y la libertad.
Por otro lado, la OE puede recuperar el valor que algunos jóvenes otorgan a la escuela como espacio educativo; es decir, aprovechar esta percepción como herramienta para robustecer las actividades escolares que se consideran propias de la institución, como las tareas, las evaluaciones, el aprendizaje y el cumplimiento de diversos deberes, frente a los cuales los jóvenes no manifiestan una postura de rechazo.
Otorgar una identidad educativa a la escuela puede favorecer la permanencia de los jóvenes en ella, quienes, si bien la habitan junto a sus pares, también la habitan desde lo escolar.
El estudio reafirma lo que ya se ha planteado anteriormente sobre la escuela como espacio de vida juvenil, donde la interacción con compañeros, amigos y personal escolar constituye una forma de habitarla. Estas mismas interacciones pueden convertirse en espacios alternativos para la OE, que podría configurarse como una acción entre pares, o desde la informalidad en espacios originales, dejando de lado el rigor tradicional que la distancia, para presentarse de manera más casual, espontánea y cercana.
Se concluye que, aunque el acompañamiento que se realiza con los jóvenes procura atender las demandas propias de su edad y contexto, es fundamental escuchar sus voces en el desarrollo de propuestas de una Orientación Educativa más centrada en ellos.
Alvarez-Gayou, J. (2003). Cómo hacer investigación cualitativa. Fundamentos y metodología. Paidós.
Espinosa, J. (2004) Crecimiento y comportamiento en la adolescencia. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, (90). 57-71.
https://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0211-57352004000200005
González, J. (2008). Reconceptualización de la Orientación Educativa en los tiempos actuales. Revista Brasileira de Orientação Profissional, 9(2).1-8.
https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=203014920002
Guerrero, M. (2000). La escuela como espacio de vida juvenil. Dimensiones de un espacio de formación, participación y expresión de los jóvenes. Revista Mexicana de Investigación Educativa, 5(10). 205-242.
https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=14001003
Hernández, Miguel. (2003). Metodología de la Investigación. Mc Graw Hill
Martínez-Clares, P. y Martínez-Juárez, M. (2011). La orientación en el siglo XXI. Revista Electrónica Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 14(1), 253-263.
https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3678823
Moreno, H. (2006). Bourdieu, Foucault y el poder. Iberoforum. Revista de Ciencias Sociales de la Universidad Iberoamericana, 1(2). 1-14
Rojas, M. (2018). Adultocentrismo violenta a todos los niños, niñas y adolescentes. Para el aula, 27. 8-10.
https://www.usfq.edu.ec/sites/default/files/2020-07/pea_027_0006.pdf?itok=rBwrQRv4fz
Ruiz, Y. (2010). Los orígenes de la orientación educativa. Revista digital para profesionales de la enseñanza, (11). 1-10.
https://profeinfo.wordpress.com/wp-content/uploads/2019/08/inicio-oe.pdf
Vázquez, J. (2013). Adultocentrismo y juventud: Aproximaciones foucaulteanas. Revista Sophia, (15). 217-234.
https://www.redalyc.org/pdf/4418/441846100009.pdf



