Autor: Dr. Benito Echeverria Samanes
Sección: Reflexiones y visiones
Resumen
El III Congreso Internacional de Orientación (Costa Rica, 2024) planteó el reto de abordar la esencia de la intervención orientadora en el siglo XXI. Tras 60 años de fructífera historia de la orientación costarricense, se llegó a la conclusión de renovar el ejercicio de los tres principios fundamentales de la orientación: prevención, desarrollo e intervención social, pensando en el hoy del mañana. Para ello, es preciso un sistema de orientación holístico integrador, flexible, de calidad y fácil acceso, bien dotado de recursos humanos y materiales y asentado en la investigación.
Palabras clave: orientación personal, académica y profesional; prevención; desarrollo; intervención social; sistema holístico de orientación.
Abstract
The III International Congress on Guidance (Costa Rica, 2024) posed the challenge of addressing the essence of guidance intervention in the 21st century. After 60 years of fruitful history of Costa Rican guidance, the conclusion was reached to renew the practice
of the three fundamental principles of guidance is recommended: prevention, development and social intervention, thinking about today of tomorrow. To achieve this, a holistic, integrative, flexible, high-quality and easily accessible guidance system is needed, well-equipped with human and material resources and based on research.
Keywords: personal, academic and professional guidance; prevention; skills development; social intervention; holistic guidance system.
Resumo
O III Congresso Internacional de Orientação (Costa Rica, 2024) levantou o desafio de abordar a essência da intervenção de orientação no século XXI. Depois de 60 anos de fecunda história de orientação costa-riquenha, concluiu-se que a prática dos três princípios fundamentais de orientação deveria ser renovada: prevenção, desenvolvimento e intervenção social, pensando no hoje e amanhã. Para tal, é necessário um sistema de orientação holística, integrativo, flexível, de qualidade e de fácil acesso, bem equipado com recursos humanos e materiais e baseado na investigação.
Palavras-chave: orientação pessoal, académica e profissional; prevenção; desenvolvimento; intervenção social; sistema de orientação holística.
Introducción
Pocas veces se disfruta de vivencias tan enriquecedoras como las experimentadas durante el III Congreso Internacional de Orientación (Chavarría, 2024). Su título apelaba al Posicionamiento de la orientación en contextos cambiantes: Aportes para la transformación social. Era difícil resistirse a tal desafío, razón por la cual postulé mi aportación al evento con el mismo título de este artículo (Echeverría, 2024c). Consideré que era el foro ideal para contrastar una de nuestras líneas de investigación con el núcleo central de esta fructífera reunión.
La rápida aceptación de la solicitud, gracias al patrocinio del CIDE de la Universidad Nacional, colmó las esperanzas de participar en este inolvidable encuentro (CPO, 2024a), genialmente gestionado por el Colegio de Profesionales en Orientación con el apoyo de la Universidad de Costa Rica, la Universidad Nacional, el Instituto Nacional de Aprendizaje, el Ministerio de Justicia y Paz, y el Ministerio de Educación Pública. A su buen desarrollo contribuyeron cuarenta y seis profesionales de estas instituciones y de alguna más, a través de las comisiones de organización (11), científica (5), divulgación (7), inscripción (7), medios digitales (7), protocolo y cultural (6) y financiera (3).
Esto representa todo un ejemplo de conjunción de esfuerzos en torno a la temática del congreso, con el afán de reunir a profesionales de la orientación de distintos lugares y ámbitos laborales en un espacio de reflexión y diálogo sobre la función de la orientación en un contexto de aguda crisis post Covid-19 (Costas, 2021; IAEVG, 2022). El III Congreso Internacional de Orientación fue un espacio común concebido para: a) Examinar los avances profesionales y de la disciplina en ámbitos internacionales y nacionales; b) Realimentar teórica y metodológicamente el quehacer de las personas profesionales en orientación; c) Intercambiar experiencias con colegas nacionales e internacionales; d) Debatir sobre las aportaciones a la sociedad costarricense que deberá realizar la orientación; e) Analizar estrategias de intervención orientadora para afrontar la vulnerabilidad e incertidumbre en las que se desenvuelven las personas del país y de entornos cercanos.
Ejes temáticos
El encuentro se articuló en torno a las siguientes cinco cuestiones (CPO 2024c):
Prospectiva de la Orientación: Identificar futuras áreas de intervención orientadora, que pueden incidir en el ejercicio de los profesionales de la orientación, así como instrumentos para el desarrollo de la carrera en entornos cambiantes y su respectiva toma de decisiones.
Incidencia en políticas públicas: Reflexionar sobre la trascendencia de garantizar el acceso a servicios de orientación de calidad a todas las personas sin distingo de edades y sobre la exigencia de que estos respondan de manera integral e intersectorial a las diferentes necesidades psicosociales, especialmente a las de los colectivos vulnerables. Asimismo, sobre el requerimiento de inversión estatal en políticas y programas de orientación, concordantes con la necesidad permanente de aprender, para construir sociedades más inclusivas, dinámicas y preparadas para abordar los desafíos del futuro.
Desarrollo de la carrera: Analizar el proceso continuo y dinámico del sentido de identidad y de propósito a lo largo de la vida, a través del cual las personas elaboran y redefinen narrativas sobre sus trayectorias personales y profesionales. Tal construcción se contempla íntimamente vinculada a la interacción con el entorno, donde emergen posibilidades y limitaciones para el desarrollo de la carrera, demandantes de nuevos paradigmas de orientación que consideren las aspiraciones, retos y problemáticas de sociedades como las latinoamericanas.
Bienestar integral: Examinar las condiciones socioeconómicas de las personas para determinar estrategias de intervención orientadora acordes a los contextos donde se desenvuelven y así contribuir al desarrollo tanto de quienes se benefician directamente de ella, como de sus familias, instituciones, comunidades y de la sociedad en general.
Permanencia y éxito académico: Considerar la educación como recurso principal para potenciar la movilidad social y el bienestar comunitario que reclama a la orientación promover la permanencia en los diferentes niveles del sistema educativo, para conseguir que las personas logren concluir sus ciclos formativos y reducir al mínimo posible exclusiones, deserciones o abandonos tempranos de itinerarios formativos.
Intervención orientadora
Las lúcidas aportaciones, previas a nuestra exposición (CPO, 2024b), nos liberan de detenernos en las causas del reto al que se enfrenta la orientación. Este bien puede resumirse en palabras de Mario Benedetti: “Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas”, debido en buena parte a las secuelas de la última pandemia y, además, en plena Revolución 4.0. Una especie de “crisis matrioska” (Padilla y Gullón, 2020) que colapsó los sistemas de salud, puso contra las cuerdas la economía mundial y ha cambiado la manera de socializarnos y las dinámicas de vida.
Sumergidos en un mundo VUCA -volátil, incierto, complejo, ambiguo- y a las puertas de ambientes BANI −frágil, ansioso, no lineal, incomprensible− (Sánchez, 2024) es preciso un replanteamiento de la teoría y práctica de la orientación, capaz de afrontar fenómenos como la complejidad (Morin, 1994; Rodríguez, 2023), la incertidumbre (Català, 2024; Figueroa, 2024), la desinformación (Han 2022; Picón, 2023; WEF, 2024) imperantes en nuestros días.
Ante estos y otros fenómenos similares, cobra renovado sentido la alerta de nuestro profesor sobre ciertas antinomias “la orientación NO es… encaminamiento cierto…, dirección…, imposición de puntos de vista…, tomar decisiones por otro…, llevar las cargas de la vida de los demás…, proporcionar noticias definitivas…, acto científico que transforma los datos en conclusiones de valor general…, busca formar hábitos rígidos” (Fernández-Huerta, 1959, p.12). Es más bien, decía él, “esclarecimiento de posibilidades con sentido”.
Desde nuestra óptica, y más ahora, la función esencial de la orientación es:
Potenciar el esclarecimiento de posibilidades personales con sentido, mediante la identificación, elección y/o reconducción de alternativas formativas, profesionales y personales, acordes al potencial y proyecto vital de cada persona, contrastadas a su vez con las posibilidades ofertadas por los entornos educativos, laborales y sociales (Echeverría et al., 2008, p.16) e implementadas al máximo.
Pero, la intervención orientadora no puede reducirse a propiciar cambios en los síntomas que evidencian los problemas. Ha de remover las estructuras subyacentes y los modelos mentales que las sustentan, acudiendo a fuentes profundas e innovadoras de conocimiento, hasta lograr un enfoque comprensivo y sistémico de los fenómenos, ya que “ningún problema puede ser resuelto desde el mismo nivel de pensamiento en el que se creó”, como advertía Albert Einstein.
Este pensamiento sistémico permite enfocar los problemas de manera distinta a los métodos tradicionales. Estos tienden a considerar que aquellos se solucionan reflexionando sobre las experiencias del pasado, que aprendemos de lo realizado y actuamos desde lo ya hecho, anteponiendo el pensamiento analítico en detrimento del pensamiento relacional, generador de percepciones de futuro (Echeverría y Martínez, 2024; Carmona, 2024b).
Desde esta perspectiva sistémica de la orientación, focalizada en la persona junto al contexto donde se desenvuelve, es preciso redimensionar sus tres principios esenciales: prevención, desarrollo e intervención social.
Prevención
Es propio del primero anticiparse a las situaciones o circunstancias que pueden obstaculizar el óptimo desarrollo personal, social y profesional de las personas. El refrán de “más vale prevenir que curar” cobra renovado sentido en la orientación, llamada a prever las necesidades en los citados ámbitos, mediante el desarrollo de competencias transversales, requeridas en diversos contextos, siendo ampliamente generalizables y transferibles.
La competencia técnica (saber) y la metodológica (saber hacer) son objeto de la intervención orientadora, pero no puede reducirse a ellas. También ha de potenciar la competencia participativa (saber estar) y la personal (saber ser) (Echeverría, 2002). Estas últimas son las que impregnan de “SABOR” el “SABER” de las primeras (Echeverría, 2010).
Desde esta perspectiva, el papel primordial asignado tradicionalmente a la información académica y profesional pierde sentido en pleno auge de la inteligencia artificial (CEDEFOP, s.f.; IAEVG, 2024). Ahora, los esfuerzos han de concentrarse en fomentar las capacidades de localización, contraste, selección y uso de esta. Más que dar peces, enseñar a pescarlos, tal como aconsejaba el proverbio chino.
Desarrollo
Este es el espíritu que ha de primar en este segundo principio, intrínseco al carácter continuo del proceso de orientación, que busca potenciar el crecimiento integral de las personas y propiciar la asunción de estatus y roles cada vez más complejos. Por una parte, se trata de promover las competencias necesarias para afrontar los requerimientos de cada etapa evolutiva. Por la otra, brindar situaciones de aprendizaje vitales, que faciliten la madurez de las personas (Martínez y Echeverría, 2009).
Entre las posibles competencias a potenciar y aprehender a lo largo y ancho de toda la vida cabe destacar los Objetivos de Desarrollo Interno (IDG s.f), acordes con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, así como las recomendadas por el Consejo de la UE, especialmente en el conjunto LifeComp.
Las de IDG (s.f.) buscan identificar, entender, comunicar, desarrollar e integrar las competencias internas que facilitan la orientación desde un enfoque de sostenibilidad (Plant, 2020; Echeverría, 2024a). Abarcan las dimensiones del Ser (Relación con el Yo), Pensar (Competencias cognitivas), Relacionarse (Cuidados de los demás y del mundo), Colaborar (Competencias sociales) y Actuar (Impulso del cambio).
El conjunto LifeCom (Sala et al., 2020) comprende las competencias necesarias para el desarrollo personal, inclusión social, ciudadanía activa y empleo, abarcando tres áreas: Personal (Autorregulación, Flexibilidad y Bienestar Personal); Social (Empatía, Comunicación y Colaboración) y Aprender a aprender (Mentalidad de crecimiento, Pensamiento crítico y Gestión del aprendizaje), que refuerza y amplia el desarrollo de las dos áreas anteriores.
El ejercicio de estas competencias se asienta sobre cuatro pilares (Delors et al., 1996): Conocer (aprender a adquirir los instrumentos de la comprensión); Hacer (poder influir sobre el propio entorno); Vivir juntos (participar y cooperar con los demás); Ser (desarrollarse como persona). Morin (1999) amplía a siete los saberes para “aprender a navegar en un océano de incertidumbres a través de archipiélagos de certeza” (p.3).
Intervención social
La mayoría de estos siete saberes identificados conectan con este tercer principio de la orientación, quizás un tanto olvidado, pero que es urgente revitalizar ante la constelación de factores físicos, psíquicos, educativos, sociales y económicos, que condicionan actualmente los proyectos profesionales y vitales (Romero, 2024).
Ante estos condicionamientos, que impiden que las personas lleguen a ser lo que son, no puede olvidarse que una de las tres funciones esenciales de la orientación es potenciar la transformación de los condicionamientos contextuales y determinantes sociales, que dificultan la toma de decisiones contrastadas, la autorrealización y desarrollo de la ciudadanía, tal como plantea el título del III Congreso Internacional de Orientación. Por ejemplo, fenómenos como el de la empleabilidad (Echeverría, 2016; 2024b) exigen abordarse “como un constructo multidimensional, interactivo y complejo” (Jiménez-Ulate, 2022, p. 24), de acuerdo con enfoques como los de sostenibilidad (Plant, 2020; Chang y Mann, 2024; Carmona, 2024a; 2024b; Echeverría, 2024a).
Este tercer principio de la intervención orientadora es esencial en el tránsito del ego-sistema al ecosistema de la conciencia (Scharmer y Kaüfer, 2015) para lograr una mejor relación con uno mismo, con los demás y con todo el sistema. Así lo preconiza el enfoque de justicia social y ambiental −ecojusticia− de la orientación (Irving y Malik-Liévano, 2005; 2019), bajo los postulados de la teoría crítica (Hooley, Sultana y Thomsen, 2018; 2020; 2021; Thomsen, Hooley y Mariager-Anderson, 2022) y la Teoría U (Scharmer, 2017; 2019) desde otra perspectiva complementaria.
Desgraciadamente, la influencia del pensamiento neoliberal continúa siendo hegemónica en nuestra sociedad, en general, y en la orientación, en particular.
A menudo atrapada en discursos dirigidos por el mercado y por la noción de que “el trabajo nos hace libres”, la orientación educativa y profesional se ha ubicado dentro de un marco económico acrítico. Se tiende a preparar a los individuos para tomar “buenas” decisiones educativas y ocupacionales, respaldadas por la necesidad de que adquieran las habilidades y competencias exigidas por los empleadores. (Irving y Malik-Liévano, 2019, p. 253).
Por sí sola, la orientación difícilmente puede eliminar las brechas y desigualdades estructurales; sin embargo, puede contribuir a que las personas tomen conciencia crítica de las mismas (Freire, 2002) y se enfrenten a ellas. Así, por ejemplo,
“La orientación profesional ayuda a individuos y grupos a descubrir más sobre el trabajo, el ocio y el aprendizaje y a considerar su lugar en el mundo y planificar su futuro. La clave para esto es desarrollar la capacidad individual y comunitaria para analizar y problematizar los supuestos y las relaciones de poder, establecer redes y construir solidaridad y crear oportunidades nuevas y compartidas. Empodera a individuos y grupos para luchar dentro del mundo tal como es y para imaginar el mundo como podría ser” (Hooley, Sultana y Thomsen, 2018, p.20).
Estos promotores del movimiento Career Guidance for Social Justice sugieren cinco indicadores esenciales de la orientación socialmente justa (Hooley, Sultana y Thomsen, 2021). El primero es “construir una conciencia crítica” (p.60). Segundo, “poner nombre a la opresión” (p.61). En tercer lugar, “cuestionar qué es lo normal” (p.61). Y a partir de ahí, “animar a las personas a trabajar juntas” (p.62), al tiempo que quienes nos dedicamos a la orientación hemos de “trabajar en variedad de niveles” (p.63) para abordar las estructuras y los sistemas generadores de los problemas, que los individuos a menudo experimentan como autoinducidos.
Como venimos analizando (Echeverría y Martínez, 2018, 2021a, 2021b, 2024; Carmona, 2024b), la metodología de la Teoría U es una estrategia acorde con estos principios rectores del enfoque de justicia social de la orientación. Se centra en la interacción entre las organizaciones y quienes las configuran, asumiendo que el agente de todo proceso innovador es la persona y estableciendo las condiciones que facilitan y favorecen su óptimo desarrollo. Integra un conjunto de diferentes disciplinas de conocimiento (economía, pensamiento sistémico, etcétera), de métodos de autoconocimiento (mindfulness, coaching) y modelos de ideación e intervención (design-thinking, prototipado rápido, entre otros). Promueve la autorreflexión y el autoconocimiento, alinea las decisiones con valores personales, enfatiza la conexión con el futuro emergente y favorece la co-creación de soluciones, persiguiendo un cambio transformador de personas y organizaciones.
Conclusión
Los desafíos que entrañan los ejes temáticos del III Congreso Internacional de Orientación y el modelo de intervención que se acaba de exponer, difícilmente puede desarrollarse sin poner en orden − συστημα− los elementos configuradores de este último. En términos kantianos, requieren dispositivos organizados (articulatio) y no meros servicios agregados (coacervatio), un orden que crece desde dentro (per intus susceptionem) y no mediante sucesivas anexiones (per appositionem).
Un verdadero sistema de orientación, al igual que, por ejemplo, un buen sistema de salud, requiere prioritariamente sinergia, generada cuando dos o más entidades −organizaciones, departamentos, equipos− trabajan juntos para obtener mayor eficiencia y eficacia que aisladamente (Echeverría y Martínez, 2015). Es decir, cuando las estrategias, técnicas y prácticas de la intervención orientadora comparten fines comunes y sus agentes se relacionan entre sí, sin que ninguno quede aislado. Es indispensable desde que a principios del siglo XXI se le asignó a la orientación a lo largo de la vida un papel esencial en el desarrollo nuestras sociedades (OCDE, 2004; CEDEFOP, 2004; 2006; 2022; 2024; CE, 2004; 2008; CE et al., 2020), entendiendo como orientación permanente el:
Conjunto de actividades que permiten a los ciudadanos de cualquier edad identificar en cualquier momento de su vida sus aptitudes, capacidades e intereses, adoptar decisiones importantes en materia de educación, formación y empleo y gestionar su trayectoria vital individual en el aprendizaje, el trabajo y otros entornos en los que se adquieren o utilizan dichas competencias a lo largo de toda la vida. La orientación se facilita en una variedad de entornos: educación, formación, empleo, a escala local y a nivel privado (CE, 2004, p.2).
Desde entonces, las instituciones antes citadas y especialmente el Consejo y los Representantes de los Gobiernos de los Estados de la UE (CE, 2008) abogan por una serie de principios rectores de los sistemas integrados de orientación, siendo destacables los siguientes.
Potenciar la coordinación y cooperación de las distintas entidades implicadas
Impulsar una cultura común de los distintos servicios responsabilizados de la orientación y reforzar sus estructuras.
Desarrollar mecanismos nacionales, regionales y locales de coordinación y cooperación entre las principales personas agentes de la orientación permanente.
Facilitar esta coordinación y cooperación mediante pautas de intervención comunes en las estrategias nacionales de educación, formación y de empleo.
Promover políticas asociativas y de conexión de los servicios a redes locales, para simplificar el acceso, mediante la puesta en común de los mismos.
Prescribir que los servicios establezcan relaciones y apoyen a grupos y organismos de orientación informal o no formal, como ONGs y otras asociaciones.
Facilitar el acceso generalizado a los servicios de orientación
Difundir el derecho de todas las personas a beneficiarse de servicios que respondan a las necesidades de orientación a lo largo y ancho de sus vidas.
Propiciar que la naturaleza de los servicios de orientación facilitados resulte meridianamente clara a la gran diversidad de personas, que los requieren.
Estimular el uso generalizado de los servicios de orientación, proporcionándoles visibilidad a través de los medios de información y comunicación.
Implantar suficientes servicios de fácil acceso, acordes con las necesidades, aspiraciones y condiciones de vida de la ciudadanía.
Flexibilizar la prestación de servicios para responder a diversidad de necesidades, situaciones, momentos y lugares (P.ej. entrevistas personales on line, por teléfono.
Garantizar la calidad de la intervención orientadora
Establecer normas de calidad que definan el servicio prestado, atendiendo a objetivos, métodos, técnicas y resultados de la intervención.
Apoyarse en modelos de orientación con asentada base teórica, de acuerdo con los objetivos perseguidos.
Salvaguardar la objetividad de la información y asesoramiento sobre proyectos de desarrollo personal, formativos y profesional.
Evaluar la eficiencia y eficacia de la intervención orientadora, tanto respecto a los resultados alcanzados, como a la valoración de los servicios por parte de sus beneficiarios.
Implicar a colegios profesionales y asociaciones pertinentes en el establecimiento, desarrollo control de normas y procedimientos de garantía de la calidad.
Disponer de profesionales con demostrada competencia de acción
Exigirles la adquisición y acreditación de las cualificaciones requeridas para el ejercicio de su actividad en los servicios de orientación.
Requerirles el dominio de las correspondientes competencias técnicas, metodológicas, participativas y personales para el desempeño de su labor.
Impulsar su reciclaje continuo para poder responder de la mejor forma posible a los habituales y nuevos requerimientos.
Controlar y evaluar las prácticas y resultados de su actividad profesional para mejorar los servicios donde desarrollan su labor.
Ofrecer una atmósfera acogedora, amable y empática a la ciudadanía por parte de todo el personal de los servicios.
Un requisito indispensable para cumplir con estos principios es “dejar de lado las acciones aisladas y asumir como disciplina un compromiso mutuo que incluya los diferentes sectores laborales, las casas formadoras, las personas profesionales independientes, el Sindicato y por supuesto al Colegio de Profesionales en Orientación”. En dos palabras, “vivir juntos”, como recomendó el coordinador general del congreso (Chavarría, 2024).
Aprovechar adecuadamente infraestructuras tecnológicas
Desde principios del siglo XXI, un aliado más se ha sumado a esta conjunción de esfuerzos (Echeverría, 2009). Son las tecnologías de la información y comunicación, que a partir del Covid-19 nos acompañan (OCDE, 2020; ETF, 2020; Bosada, 2020; Requejo, Raposo y Sarmiento, 2022; Fung, 2024). Cada vez más los sistemas de orientación cuentan con nuevas herramientas, como digitalización de recursos, integración de plataformas, (GR8PI, s.f.; TEC, s.f; Villalobos, 2024) y recientemente la inteligencia artificial (IA), que ha llegado para quedarse (Bosada, 2023). Da la impresión de que “estamos abocados a orientar en, para y con la incertidumbre en la era de la IA" (Carmona, 2024b), como se trasluce en el comunicado anual de la Asociación Internacional de Orientación (IAEVG, 2024), el más largo de todos los emitidos hasta ahora.
Todo apunta a que la IA puede expandir los sistemas de orientación y mejorar su calidad, aportando personalización, automatización y eficiencia en bastantes vertientes del proceso de intervención orientadora. Permite promover la interoperabilidad de funciones del sistema y facilitar el acceso universal e individualizado a sus servicios, posibilitando la orientación virtual. Al aprovechar grandes volúmenes de datos en tiempos relativamente cortos y sofisticados modelos de aprendizaje automático, no solo facilita el acceso a información relevante. También puede mejorar la calidad del asesoramiento, ofrecer experiencias personalizadas y enriquecer el proceso de toma de decisiones, contribuyendo a una intervención orientadora más personalizada, eficiente e inclusiva (Westman, S., et al. 2021; Bauer-Grechenig, 2024; CDI, 2024).
Ahora bien, las herramientas impulsadas por la IA plantean ciertas inquietudes, como las relacionadas con la privacidad de los datos, los estándares éticos, el potencial de sesgo algorítmico, (ETF, 2020). “Por ejemplo, cuando los sistemas de IA se entrenan con datos inadecuados, sesgados u obsoletos, pueden producir predicciones o recomendaciones que desorienten las opciones profesionales de las personas, perpetúen sesgos existentes o refuercen estereotipos, lo que conduce a ineficiencias y desigualdades. (IAEVG, 2024 p.2).
Por esta razón, es esencial que profesionales de la orientación, organizaciones y responsables políticos contribuyamos unidos al establecimiento de infraestructuras digitales adecuadas y de sólidos estándares de control de calidad −transparencia, equidad e inclusión− en las aplicaciones de las TIC, en general, y de la IA en particular entre quienes ejercemos como profesionales de la orientación, para que profundicemos en la esencia de los sistemas de IA, analicemos críticamente su calidad y promovamos cuantas mejoras sean necesarias. (Katsarov, 2023).
Al dominio de competencias tradicionales (Echeverría, 2005) ha de sumarse el de otras nuevas (IAEVG, 2018; Fallas, Murillo y Sibaja, 2025) para integrar la tecnología digital y la IA de manera efectiva y garantizar que estas herramientas se utilicen de manera reflexiva, responsable y ética por profesionales de la orientación convenientemente formados, en cuestiones tales como alfabetización en IA, uso ético de la tecnología e interpretación de datos, siendo conscientes al mismo tiempo de sus posibles limitaciones. (CEDEFOP, 2021)
Invertir en recursos humanos y materiales
Es fundamental asumir al mismo tiempo que el mayor potencial de
La IA no puede sustituir la indispensable interacción humana que constituye la esencia de los servicios de orientación eficaces, ni debe utilizarse como justificación para reducir los recursos disponibles para la asistencia personalizada. Por el contrario, la aplicación eficaz de la IA exige inversiones adicionales en profesionales de TI cualificados, infraestructura digital y personal de apoyo para gestionar adecuadamente estas tecnologías y mantener informado al público. La orientación personalizada sigue siendo vital, especialmente para fomentar las competencias exclusivamente humanas que la IA no puede reproducir. (IAEVG, 2024, p.2).
Esta alerta de la IAEVG es crucial, sobre todo para aquellos países en los que el interés por reducir déficits públicos se traduce en recortes de servicios, de número de profesionales-agentes, de retribuciones y en un sinfín de medidas restrictivas que acaban por ahogar el desarrollo de la orientación. Recortes no fundamentados en criterios de eficiencia y eficacia, sin previa investigación del impacto socio económico de resultados a medio y largo plazo. Implementar un sistema de orientación integrado requiere una considerable inversión en recursos humanos, tecnológicos y materiales. Sin presupuestos adecuados, el sistema se verá limitado o incluso ineficaz, afectando su calidad y la capacidad de atender adecuadamente a las personas. (CE et al., 2021).
Investigar el funcionamiento del sistema y las prácticas orientadoras
Efectivamente, sin inversión no hay desarrollo sostenible y donde no hay investigación impera la improvisación. Desde principios del siglo XXI la investigación de las prácticas educativas, y entre ellas de la orientación se está imponiendo en muchos estados de la OCDE, si bien resta por superar la brecha existente entre la investigación y la práctica orientadora (Schlicht-Schmälzle et al., 2024). Como recomienda la European Training Foundation (ETF, 2020), CEDEFOP (2024) es imprescindible investigar sobre lo que funciona o no en orientación para mejorarla y responder a un sinfín de cuestiones, junto al impacto de las herramientas tecnológicas.
Por ejemplo, al interrogar a la misma IA con este prompt “principales cuestiones a investigar relacionadas con el sistema integrado de orientación” (Perplexity, 2024), sugiere las siguientes temáticas, trascritas en el mismo orden de aparición: Implementación y coordinación efectiva; Integración de servicios; Colaboración entre centros educativos y entorno; Formación y capacitación de profesionales; Inclusión de colectivos vulnerables; Integración curricular; Evaluación y mejora continua; Adaptación a diferentes etapas educativas; Prevención y desarrollo; Políticas públicas y marco legal.
Añade además los siguientes interrogantes, sobre los cuales también da sugerencias: ¿Cómo se puede mejorar la coordinación entre los servicios de orientación?; ¿qué herramientas tecnológicas podrían facilitar el acceso a la orientación?; ¿cuáles son los principales desafíos para implementar un sistema integrado de orientación en todos los niveles educativos?; ¿qué papel juegan las administraciones locales en el desarrollo de un sistema integrado de orientación?; ¿cómo se puede asegurar que el sistema integrado de orientación sea accesible para todas las minorías?
Así pues, la investigación es fundamental a la hora de configurar los sistemas de orientación y no menos esencial es para la actualización constante de sus profesionales en una sociedad tan cambiante como la nuestra. Entre otros beneficios permite profundizar en las nuevas temáticas de la disciplina, contribuye al desarrollo del pensamiento crítico, mejora su práctica profesional y propicia el crecimiento personal y profesional. De ahí la importancia de incluir las metodologías de investigación en los planes de estudio de quienes piensan dedicarse a orientar a sus congéneres. (Artavia y Campos, 2020).
